Escondidos en la densa
selva, cobijados por la espesa vegetación, confundidos por los animales, viejos
hombres caminantes de los andes, sus conocimientos son más que ancestrales,
hombres milenarios, poderosos e incomparables.
Cuenta la historia
efímera en su detalle, poco agradable,
en ocasiones notable y con gran reproche, habla de los Yumbos una civilización
muy anterior a la de los famosos Incas, amantes de la naturaleza, grandes
pensadores y socializadores.
Los Incas en su
llegada con afán de expansión intentaron conquistarlos pero detuvieron la misma
y se refirieron a los Yumbos como un pueblo lleno de “gente desnuda y pobre”,
una expresión muy fuerte para quienes conocían de su territorio como los
marineros a las estrellas.
Pero tiempo después
serían los conquistadores españoles los que se encargarían de doblegar a este
noble pueblo, que vio caer a sus pies su trabajo, la gran pasión por su tierra
y a sus astros despedirse para esconderse en la inevitable guerra.
Su legado se extiende más
allá de cualquier sueño, dejaron las Tolas, esas pirámides truncadas, algunas
con escaleras y otras con rampas, situadas estratégicamente en los cuatro
puntos cardinales con usos ceremoniales o tan solo usadas como viviendas, detalles
de un pueblo que se negaba a morir.
Sus manos fueron las
que elaboraron un total de siete piscinas cada una con usos determinantes para
el pueblo Yumbo, le daban al agua un lugar donde adorarla y con un significado
más especial, donde el frio se escapaba de sus almas y volvía más interesante
su manera de pensar. Incluso el sol, la luna y las estrellas hacían su paso por
alguna de las piscinas, mientras alrededor estaban los sabios hombres esperando
que los astros les dieran respuestas breves.
Sus creencias iban más
lejos de lo conocido, tres mundos estrechamente ligados, el de las deidades, el
terrenal donde estaban ubicados y por debajo del mundo, conocido como el de los
muertos.
Grandes solsticios y
espectaculares equinoccios dieron lugar a importantes reuniones de
agradecimiento por lo que les había otorgado la Madre Tierra, respetaban a las
cascadas, ríos, lagos y cada espacio que les transmitía vida.
Eran grandes
comerciantes, para caminar usaban unos palos grandes y siempre en sus espaldas
llevaban canastas especiales, los caminos comerciales por los que transitaban
eran conocidos como Culuncos, caminos que solo ellos conocían y que los
mantendrían escondidos por muchos años.
Un pueblo noble y
solidario que vio como caería su gran fuerza debido a las enfermedades que
trajeron los conquistadores.
No solo dejaron su
legado impregnado en cada espacio por el cual pasaron, dejaron sus anhelos, por
ello son y serán considerados como:
“Yumbos Amigos del
bosque, pueblo de pensadores, viajeros y hombres luchadores”
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Relato: Daniel Villacis

