martes, 5 de julio de 2016

El vuelo de los sueños

Pequeños multicolores voladores

Foto Francisco Rodas

Los colibríes aves completas llenas de colores y matices, son como dicen los entendidos más de 22 millones de años desde que empezaron a atravesar con su vuelo especial y fugaz nuestros hermosos cielos, evolucionando aceleradamente en el silencio de su rápido palpitar, son 338 especies las que se han catalogado, cada una de ellas llena de grandeza.

Foto Francisco Rodas
Estas bellas aves han ido modificando su pico adaptándose a la vegetación, la misma que contribuye con el polen, debido a su desgaste avanzado al volar necesitan una alimentación constante, por lo que segmentan sus áreas de vuelo, manteniendo un orden en el mismo y que no influya en su relación con el medio que les rod ea. Por esta razón se puede observar hasta 25 especies en el mismo nicho ecológico.

Su espacio de vida se desarrolla en sitios con una altura que va entre los 2000 y 2500 metros con climas bastante fríos, resultando beneficioso para que ellos sean los únicos polinizadores de estas áreas.

Con una asombrosa capacidad de aletear que va de 80 a 200 aleteos por segundo, cuentan con habilidades de vuelo únicas en su especie, capaces de volar en varias direcciones, además la temperatura de su cuerpo es una de las más calientes registradas en los endodermos (animales de sangre caliente) por esta mencionada característica necesitan alimentarse con un promedio de la mitad de su peso al día, incluso se dice que no pueden pasar más de 10 minutos sin comer.

Las zonas frías normalmente en las noches bajan su temperatura, por lo que los colibríes también reducen su metabolismo limitando su temperatura corporal y entrando en un estado de hibernación conocido como torpor.
Foto Francisco Rodas

Son aves inteligentes que según los estudios tienen el cerebro más grande de todas las aves, geniales y delicadas a la vez.

Sus alas son iridiscentes por eso cuando el sol se refleja en ellas puede generar varios  efectos que a nuestra mirada atónita denotan cambios de color con expresiones de una belleza única jamás observada.

Mantiene una estrecha relación con las flores, polinizando alrededor de 1000 plantas diarias, en un acto de mutualismo donde las dos partes salen beneficiadas.

Han emprendido en vuelo de los sueños pasando detenidamente por los ojos de las grandes civilizaciones, quizás guiándoles, o inspirándoles en su largo vivir, dando la felicidad y la perfección en sus paisajes, llenando de belleza su alma, y trayendo consigo el dinamismo de la vida misma.

Pueden ser pequeños como el  colibrí cubano (Calypte helena) o grandes como el  colibrí Gigante (Patagona Gigas) que proviene de los andes, pero hermosos en su totalidad descrita.

Dejemos que los colibrís sigan envolviendo a nuestros cielos en su manto de belleza, de dulzura y ligera preciosura, que sigan siendo nuestros pequeños multicolores voladores.

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Relato por Daniel Villacis 

jueves, 2 de junio de 2016

¡Entre lo vivido y lo querido!



 “Una historia del eterno amor entre montañas”

 



Dicen que las leyendas de amor cobran vida cuando se las redacta con la tinta de la verdad, donde el viento trae el polvo de lo vivido y lo se lleva a viajar a la penumbra del olvido.
 
En lo más escondido de los andes ecuatorianos se cuenta la historia del Taita Manuel Imbabura y de su eterno amor a María Isabel Cotacachi. 

Manuel Imbabura un cerro apagado al cual los años le atacaron llevándose su belleza, pero que vio con elegancia usar un sobrero que cubriera su basta cabellera blanca y que la noche cambiaria de color su vida.

Los ancianos cuentan que Manuel estaba totalmente enamorado de María Isabel, ¡que amor tan puro!, un día los dos salieron a caminar en la noche y su penumbra, pues el temía que alguien le acusara de abandonar su lugar, las estrellas aparecieron por pocos minutos para ser testigos de la declaración de amor del Taita, quien despojándose de su sombrero le ofreció su amor a su bella dama, ¡ahí empezó la historia de dos viejos enamorados!, se cuenta que esta vieja pareja se había querido por mucho tiempo, mmm... un amor que se paseó por calles y ríos.

Grandes protectores de su espacio y de la magia que alrededor estallaba en las cenizas de los antepasados. 

De ese amor consumado nació Yanahurco, quien siempre estuvo cuidando a su madre, pequeño en la simpleza del amor al cual se lo definía ¡entre lo vivido y lo querido!.

El taita le ponía brillo a la vida, controlaba que el agua no fuera lejos de su cauce, que el viento jamás se parase a dañar la armonía y que cada una de las montañas cumpliera con su trabajo encomendado, el amor jamás cambio a Manuel, lo blindo de confianza y lo hizo fiel a su causa.

Los ancianos cuentan que en las noches aún se puede escuchar ese eterno beso enamorado de esta vieja pareja, que en su silencio cauteloso dan la seguridad de que su amor durara cientos de años más. 

“Y desde lo alto nos miran Manuel y María, nos cuidan y controlan que todo lleve alegría, vigilan con esmero a un pueblo que sigue su amor eterno”

Relato por Daniel Villacís



Disfruta de ésta y mas leyendas de estos parajes andinos en nuestros recorridos de 1, 2 y 3 días.

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viernes, 29 de abril de 2016

Yumbos, el Legado



Escondidos en la densa selva, cobijados por la espesa vegetación, confundidos por los animales, viejos hombres caminantes de los andes, sus conocimientos son más que ancestrales, hombres milenarios, poderosos e incomparables.

Cuenta la historia efímera en su  detalle, poco agradable, en ocasiones notable y con gran reproche, habla de los Yumbos una civilización muy anterior a la de los famosos Incas, amantes de la naturaleza, grandes pensadores y socializadores.
 
Los Incas en su llegada con afán de expansión intentaron conquistarlos pero detuvieron la misma y se refirieron a los Yumbos como un pueblo lleno de “gente desnuda y pobre”, una expresión muy fuerte para quienes conocían de su territorio como los marineros a las estrellas.

Pero tiempo después serían los conquistadores españoles los que se encargarían de doblegar a este noble pueblo, que vio caer a sus pies su trabajo, la gran pasión por su tierra y a sus astros despedirse para esconderse en la inevitable guerra.

Su legado se extiende más allá de cualquier sueño, dejaron las Tolas, esas pirámides truncadas, algunas con escaleras y otras con rampas, situadas estratégicamente en los cuatro puntos cardinales con usos ceremoniales o tan solo usadas como viviendas, detalles de un pueblo que se negaba a morir. 

Sus manos fueron las que elaboraron un total de siete piscinas cada una con usos determinantes para el pueblo Yumbo, le daban al agua un lugar donde adorarla y con un significado más especial, donde el frio se escapaba de sus almas y volvía más interesante su manera de pensar. Incluso el sol, la luna y las estrellas hacían su paso por alguna de las piscinas, mientras alrededor estaban los sabios hombres esperando que los astros les dieran respuestas breves.

Sus creencias iban más lejos de lo conocido, tres mundos estrechamente ligados, el de las deidades, el terrenal donde estaban ubicados y por debajo del mundo, conocido como el de los muertos.
Grandes solsticios y espectaculares equinoccios dieron lugar a importantes reuniones de agradecimiento por lo que les había otorgado la Madre Tierra, respetaban a las cascadas, ríos, lagos y cada espacio que les transmitía vida.

Eran grandes comerciantes, para caminar usaban unos palos grandes y siempre en sus espaldas llevaban canastas especiales, los caminos comerciales por los que transitaban eran conocidos como Culuncos, caminos que solo ellos conocían y que los mantendrían escondidos por muchos años. 

Un pueblo noble y solidario que vio como caería su gran fuerza debido a las enfermedades que trajeron los conquistadores.

No solo dejaron su legado impregnado en cada espacio por el cual pasaron, dejaron sus anhelos, por ello son y serán considerados como:

“Yumbos Amigos del bosque, pueblo de pensadores, viajeros y hombres luchadores”

Conocer la vida de nuestros ancestros y revalorizar su conocimiento a traves de nuestros Day Trips.


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 Relato: Daniel Villacis